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I Certamen Poético-literario, Mistium



Mistium
 
POESÍAS GANADORAS DEL, I CONCURSO POÉTICO-LITERARIO DE LA ASOCAICIÓN DE ARTE MULTIDISCIPLINAR, MISTIUM

Poesías ganadoras del, I Concurso Poético-Literario de la Asocaición de Arte Multidisciplinar, Mistium.

 
 
 
1 PREMIO DE POESÍA
 
Narrador; José Carlos Lloréns "Charles"
Relato Corto; Mirada de vida
 
Apenas retengo ya signos palpables de humanidad en mi longevo cuerpo. Pero mi reto diario es procurar una lucha feroz y clandestina por subsistir en mi alquilado habitáculo terrestre.

 Los tejidos que me albergan se diseñaron con formas compatibles de última generación y tecnología punta. Tal vez no contaron con la enraizada herencia genética cursada por mis predecesores.

Una infranqueable barrera de obstáculos dispuestos en secuencias de emociones y sentimientos desfilan aleatoriamente ante mí con cada estímulo que intuyen mis órganos perceptivos.

La tiranía de mis neuronas sólo es comparable con la excelencia de la física quántica que estructuró mi concienzudo y kilométrico organismo. El adoctrinamiento pasivo de mis protocolos de actuación sólo se ve turbado por esos momentos en que lagunas de duda infinita inundan mis océanos por las vulnerables ranuras de mi memoria cognitiva.

Y viéndola a ella, todavía un ser puro de blanca epidermis virginal, de impoluto pensamiento de misionera voluntaria, de asumido servilismo en la más antagónica cualidad, como si fuera un ser menor. Su vocación refleja mi incomprensible devoción por este reducto humano de fragilidad aún no contaminada.

La angelical porcelana de las manos de mi joven ayudante contrastaba en dulzura con los preciados materiales que manipulaba cada día. Fibra de carbono, texturas de keblar, aleaciones de tungsteno, polímeros de extrusión, nano-articulaciones transistorizadas.

Sofisticados todos aquellos engendros que se iban componiendo en la mesa de operaciones, en una perfecta línea de montaje de mi laboratorio experimental de robótica aplicada.

Construíamos diferentes dispositivos de asistencia telépata con aspecto humanoide pero ninguno de los componentes se podía considerar en propiedad de una ancestral alma.
El momento sublime aterrorizaba mi retina por enésima vez cuando en su delicado protocolo, la joven llegaba a la fase terminal de cada proyecto y sobrevolando el rostro del inerte robot, le transfería a modo de sutil bendición, un beso de fe infinita en el receptáculo abierto de su frente.
Como si de un vanguardista apóstol se tratara, la observaba convencida musitando su frase ritual para conjurar la preceptiva alquimia en la criatura biónica diciéndole … donde había unas cuencas vacías renace ahora vida artificial…

Instante seguido aplicaba el fluido final interno que energetizaría al nuevo ser y arrancaría con el requisito de la cuenta atrás para poder inicializar su artificial vida.

Entonces ella pondría dos piedras de futura mirada y dotaría de luz y visión al androide mediante los sintéticos globos oculares compuestos por cuarzo tallado tangencialmente y circonitas en suspensión osmótica.

La última fase cumplía felizmente con los prolegómenos establecidos y me incorporaba nuevamente a la cruda realidad contemporánea donde cohabitábamos, casi en perenne simbiosis, los seres con nosotros, … las máquinas.

 
 
 
2 PREMIO DE POESÍA
 
Narrador; Neus T. Gómez
Relato Corto; Resaca
 
Abrió los ojos, la luz de la mañana le devolvió, en forma de taladro doloroso, los buenos días.

Se quedó quieto, muy quieto, esperando oír la voz melodiosa de María canturreando por la cocina, preparando el desayuno.

Con la cabeza escondida en la almohada, intentó recordar la noche anterior... había bebido pero... no recordaba por qué. ¿Qué más daba? Cualquier motivo era bueno.

Intentó levantarse, la cabeza le daba vueltas y un lacerante dolor le impedía abrir los ojos.

Apoyándose en los muebles y en las paredes se acercó a la puerta.

Salió de la habitación. La casa estaba en penumbras y en silencio.

-¿Por qué no me habrá despertado? -con los ojos medio cerrados llegó a la cocina. Los platos de la cena estaban sin fregar y no había hecho café. De mal humor se dirigió a la cafetera.

-¡Menudo desastre! ¡Cuando vuelva, le explicaré cuatro cosas! ¡Sabe que me gusta que me prepare el desayuno! -pensó enfadado.

Con la taza de café humeante en la mano, se dirigió a la sala. La puerta estaba cerrada. La abrió. Estaba completamente a oscuras.

Dio unos pasos en el interior para dirigirse a la ventana.

Tropezó con algo que no debería estar allí -¡maldita sea! ¡hoy se está ganando una paliza!

Se apoyó en el suelo y el café se le derramó.

-¡Encima tendré que hacerme otro café!

Se dirigió hacia la ventana, trastabillando. La abrió y un tímido rayo de sol de enero, traspasó el cristal, posándose en sus manos pringosas y de un color ennegrecido.

-¡Qué asco! Seguramente ayer cayó algo de vino y no ha sido capaz de recogerlo ¡menuda ama de casa está echa! Luego no quiere que me enoje... ¡cariño no te enfades... cariño no te enfades...! repitió indignado, imitando a su mujer, con voz de falsete.

Se dio la vuelta maldiciendo y dirigiendo la vista hacia el manojo de ropa, con el que había perdido el equilibrio al tropezar...

Se quedó parado, pensando qué sucedía. Mirando sin comprender lo que veía...

Su cabeza empezó a darle vueltas

Del manojo de ropa salían pies... brazos... y la cabeza de María... tenía los ojos muy abiertos y una expresión de resignación... y paz.

Estaba echada, sobre el frío suelo, en una posición extraña, y rodeada de un gran charco de sangre que salía de su pecho...

 
 
 
3 PREMIO DE POESÍA
 
Narrador; Juan Benito Rodríguez Manzanares
Relato Corto; El niño
 
Caminábamos por el arcén de la carretera con más miedo del que podíamos contener dentro de nuestros cuerpos, así que íbamos dejando un rastro muy fácil de seguir. La noche era oscura como la boca de un lobo y silenciosa como un felino en plena caza. Todo favorecía a muestra imaginación, ya fértil, para conjurar a todo tipo de entes y personificaciones varias que nos pudieran seguir, comer o abducirnos para realizar con nosotros cualquier tipo de experimento.

Marta me miró y en tono burlón me comentó que era una vampira y que me iba a chupar la sangre hasta la última gota. Reímos. Yo por mi parte respondí a ese comentario jocoso aludiendo a que era un zombi dispuesto a arrancarle el corazón de un mordisco. Volvimos a reír. Realizar ese tipo de comentarios nos sacaba un tanto de nuestros propios pensamientos, que eran nuestros verdaderos enemigos, los que a cada uno de nosotros nos estaban carcomiendo por dentro.

Cuantas veces nuestros mayores nos habían comentado que cuando nos hiciéramos grandes perderíamos el miedo… ¡Je! Pero no fue así. De nuevo los mayores se equivocaron, pues aunque ya teníamos 20 y 21 años, seguíamos teniendo igual o más miedo que cuando niños imaginábamos al monstruo bajo nuestra cama.

Nos miramos de nuevo y suspiramos, lo peor de los sábados era la vuelta a casa cuando no disponíamos de coche.

Entre el silencio que nos aplastaba como una losa, se oyó llorar a un niño claro y alto. Miramos a nuestra izquierda y a poco que oteamos los alrededores vimos una cestita de mimbre con algo envuelto en su interior, de donde volvieron a salir unos desconsolados lloros. Nos volvimos a mirar sin saber muy bien qué hacer, pero al fin decidimos acercarnos y comprobar si era un niño o el maullar de un gato. ¡Un niño! Tan sólo descubriendo un poquito la mantita que cubría su cara vimos que era un niño. ¡Un precioso niño con un triste gesto en su cara! Descubrimos ésta por entero y Marta, no pudo evitar su instinto maternal y cogió al niño entre sus brazos. Me miró buscando en mí ese respaldo que la apoyara para llevar al niño hasta el pueblo donde vivíamos. Seguro que sería muy reconfortante poder hacer esa buena acción. Accedí.

Marta sonrió, le pregunté ¿qué ocurría?, y con dulzura en sus gestos me comentó que notaba como el niño comenzaba a rotar hacia su cuerpo, sonrió de nuevo y añadió que notaba como si estuviera buscando su pecho… su lado más maternal afloró en ella igual que una rosa revienta de hermosura en primavera. Le comenté algo sobre que sus pechos eran tan sólo míos y ambos sonreímos, pero Marta pensó que no podía dejar al pequeñín ‘buscando’ esa comida que no iba a hallar. Así que mientras me acercaba a ella, comenzó a descubrir de nuevo la cara del niño para poder introducirle un dedito en la boca y que hiciera las funciones de chupete, pues era algo que había visto hacer a las abuelas.

La cara del niño quedó al descubierto iluminada tan sólo por la pobre luz de mi mechero. En eso vimos unas marcas rojas en las comisuras de la boca del niño que antes no alcanzamos a ver. Marta acercó su mano para comprobar de qué se trataba, cuando casi rozando la boca del niño, éste la abrió dejando ver unos grandes y careados dientes ensangrentados que lucían restos de un pezón entre ellos.

- Marta dejó caer al niño al suelo mientras ambos comenzamos a correr… y lo del accidente, ya lo conocen…

- Se pasa las veinticuatro horas del día repitiendo lo mismo. Pero cuando el conductor llamó para comunicar que un joven se había tirado al barranco, y, al final pudimos rescatarlo… estaba sólo.

- Está bien. No le quiten la camisa de fuerza y adminístrenle la misma dosis. ¡Quizá mañana podamos iniciar el tratamiento!

 
         
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